EL PIQUETERO QUE TRABAJA DE PREMIO NOBEL

Adolfo Pérez Esquivel dejó la búsqueda de paz hace mucho tiempo en Argentina. En la actualidad, se lo ve liderando cortes de calles, acompañado de un dirigente activista de pueblos originarios. 
FOTO QUE VA OK“Señor…Usted es una vergüenza… Premio… premio a la corrupción y al silencio deberían darle”, le comentan al piquetero, Pérez Esquivel, en su cuenta de Twitter, donde el premio Nobel publicó una foto de un corte de calle, en el que se lo ve muy poco pacífico. Quizás el anónimo usuario no está errado, ya que lo cierto es que: Pérez Esquivel, el “piquetero” que trabajaba como Premio Nobel, abraza una medida que nada tiene que ver con la Paz.
Otros comentarios de redes expresan: ¿Cómo se puede ser icono de justicia y paz rodeado de personas que no representan las banderas que dicen portar? Es muy evidente y público que Pérez Esquivel es socio de forma literal de Félix Díaz, su alumno qom. Cada uno pone la comida en la boca del otro. Lo más difícil de comprender es que el qom no tiene adhesión de ningún de dirigentes indígenas nacionales y tampoco de su propia comunidad, en contraria posición se rodea de ONG’s y personas que retrasan la liberación de los pueblos originarios por su desconocimiento absoluto en la materia, pero con la aprobación del premio Nobel de la Paz, al que lo único que le surge como propuesta es abonar esta causa que le permite continuar con su estatus social, personal, y de benefactores en la vidriera internacional.
Alguien podría preguntarse cuántos dirigentes acompañan a Félix Díaz. Cuántas familias de comunidades lo respaldan. Qué se ha solucionado en casi cinco años de cortes, conferencias, tomas, huelgas y acampes. La respuesta es siempre la misma: nada de nada. ¿Por qué? Porque ni Pérez Esquivel, ni su protegido indígena Qom,  están preocupados por resolver la situación de desnutrición que existe en las algunas comunidades, mucho menos en avanzar específicamente en la comprensión y alcance del derecho indígena, o luchar por la participación directa en los posicionamientos claves que los originarios se merecen, a sabiendas que esto signifique no llevarle respuestas a la gente que lo acompaña, burlando a los que aveces con buena fe los apoyan. Esta realidad es la que cotidianamente se respira en la nueva incursión de la dupla de piqueteros, ya que los dos están muy preocupados por perpetuar su modelo de monopolización de causas ajenas.

Los Estados son los que deben que resolver los problemas de la gente, es el discurso que tantas veces los escuchamos gritar, pedir y exigir. Lo increíble es: ¿Un premio Nobel, corta una calle para que un Estado se haga presente? Y a su entender, ¿esa es la mejor forma de lucha que logró con tantos años de exposición pública y beneplácito de los medios de comunicación? Quizás los niños que murieron o el llanto de las mujeres, logre cambiar su lucha y redireccionar sus estrategias. Porque de otra manera los seguidores indígenas que siguen ahí esperanzados no conseguirán ni el pasaje de vuelta a su tierra que nos consta que si las tienen.

Este es el presente de Pérez Esquivel quien fue designado por el máximo galardón conocido en la tierra, el premio Nobel, el mismo que no conoce quizás, la búsqueda de paz que es lo que algunos de sus seguidores necesita imperiosamente, el conoce oposición únicamente. Conoce ser un crítico de asiento que no construye, pero que fabricó este extraño método piquetero de exigir y presionar en nombre de la paz.

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